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David FuertesOffline

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    David Fuertes

    Algo sobre mi

    Mi vocación y mi pasión han estado siempre ligadas a la docencia y a la interpretación, dos ámbitos que, en esencia, comparten un mismo propósito: transmitir, preservar y dar vida al conocimiento que hemos heredado de quienes nos precedieron.
    Desde esta perspectiva, entiendo que la relación entre la arqueología y la música es profunda y natural. La arqueología se encarga de rescatar los vestigios materiales de las civilizaciones antiguas, permitiéndonos comprender cómo vivían, qué pensaban y cómo se organizaban. La música, por su parte, actúa como una forma de “arqueología sonora”: nos conecta con las emociones, creencias y expresiones más íntimas de esos pueblos, revelando aspectos de su identidad que no siempre pueden apreciarse a través de los objetos físicos.
    Como docente e intérprete, soy especialmente consciente de que cada obra musical que interpretamos hoy es el resultado de un larguísimo proceso histórico. Las escalas, los sistemas armónicos, los instrumentos y las formas musicales no surgieron de manera espontánea, sino que son fruto de siglos de evolución cultural. En este sentido, las culturas antiguas desempeñaron una función esencial, ya que sentaron las bases sobre las que se ha construido todo el desarrollo musical posterior.
    Comprender esta conexión no solo enriquece nuestra visión del pasado, sino que también da sentido a nuestra labor educativa. Enseñar música implica, en gran medida, transmitir un legado que pertenece a la humanidad entera. Del mismo modo que la arqueología protege y estudia los restos del pasado para entender nuestro presente, la educación musical mantiene viva una herencia cultural que sigue influyendo en nuestra sociedad actual.

    Profesión

    Soy profesor de piano en el conservatorio profesional de música de Silla y en la Sociedad Ateneo Musical de Cullera.

    Lo que más me interesa de la arqueología es...

    Considero que la arqueología y la música comparten una misión común: preservar la memoria de las civilizaciones y ayudar a las nuevas generaciones a comprender que el progreso humano no se basa únicamente en avances tecnológicos, sino también en el desarrollo cultural, artístico y emocional. Ambas disciplinas nos recuerdan que somos el resultado de una historia colectiva y que, al igual que los arqueólogos descubren el pasado bajo la tierra, los músicos lo hacemos resonar cada vez que interpretamos una obra.